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¿Continuó la “función” luego de la explosión de la Refinería de Amuay en 2012?

25 de agosto de 2016 | 7:34 am | por Redacción
¿Continuó la “función” luego de la explosión de la Refinería de Amuay en 2012?
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El accidente ocurrido en el Complejo Refinador de Amuay, una de las refinerías más grandes del mundo, dejó tras de sí una huella de tragedia y muerte. Lejos de desaparecer, las heridas siguen abiertas. Los afectados denuncian que la estatal petrolera no honró las promesas hechas cuando aún ardía el bloque 23 como producto de la explosión de un tanque de gas inflamable de olefinas.

“Los abogados de Pdvsa me dicen que ellos saben que me tienen que pagar, pero que yo los tengo que demandar a juro. Yo les dije ¿por qué no hacemos eso por mutuo acuerdo? Ellos simplemente se han lavado las manos. Al señor (Jesús) Luongo,  que era el gerente para la época, nunca lo vi durante la explosión ni después. Nunca lo he visto”, destacó José Bravo, una de las víctimas del accidente y ex operador del bloque 23 de la refinería de Amuay. Albert Acosta, trabajador afectado por la contratista Hafrán, declaró que Pdvsa no los tiene en nómina, que solo les da una ayuda de 32.000 bolívares mensuales, que, a su juicio, no les alcanza para nada.

¿Continuó la “función” luego de la explosión de la Refinería de Amuay en 2012?

Aún en llamas el bloque 23 y 24 del Complejo Refinador de Amuay, el presidente Hugo Chávez se dirigió al país al día siguiente de la explosión para decretar tres días de duelo por la tragedia ocurrida en la refinería. Desde el edificio administrativo afirmó que “la función debe continuar con nuestros dolores, nuestros pesares y nuestros muertos”.

Fue en esta alocución donde el Ejecutivo prometió ayuda a los afectados y encargó una investigación profunda sobre los hechos. Aprovechó la ocasión para enfilar el discurso en contra de los que afirmaron que la tragedia fue por falta de mantenimiento y los calificó de “irresponsables”. Cuatro años después siguen vigentes como aquel día los recuerdos de las víctimas que tienen la suerte de seguir vivos. Hoy, comparten con El Pitazo sus historias, sus tragedias.

 

Qué pasó el 25 de agosto de 2012

El 24 de agosto de 2012 el operador de suministros de la refinería de Amuay, Reneduar Jiménez y su asistente, José Bravo, estaban de guardia. Una llamada los alertó de una fuga de propano en las esferas de olefinas del bloque 23 de almacenamiento. Ambos se trasladaron al lugar en una camioneta que se les apagó por la fuga de gas –era como una neblina– que llenaba los tanques, relató José Bravo. “Cuando hay presencia de gas, los carros se apagan, porque no hay combustión. Dejamos abandonada la camioneta y salimos corriendo”, dijo.

Imagen: Cortesía Willis Energy

Imagen: Cortesía Willis Energy

Mientras corríamos, nos encontramos en el camino con el jefe de Operaciones, Félix Fonseca, quien nos dijo que subiéramos a su camioneta para intentar llegar al bloque 23 por otro acceso. Al llegar cerca del lugar de la fuga, Jiménez y yo (José Bravo) exigimos un equipo especial para poder entrar. Los tres nos trasladamos a la llamada Puerta 5 para esperar los equipos y así poder ingresar al área de fuga. En eso llegó un camión de bomberos y una ambulancia manejada por un señor llamado Rafael Navarro, narró Bravo.

“En la ambulancia había un equipo especial para entrar en la zona y Reneduar me dijo que él se lo pondría porque tenía más experiencia. Lo ayudé a ponerse todo y entró con Navarro a cerrar la válvula en la base de la esfera para frenar la fuga. Los otros dos bomberos sacaron la ambulancia y el camión de la zona, porque la presencia de gas generaba fallas en los autos y se iban a apagar”, explicó Bravo con la mirada perdida.

“El gas era tan denso que no veía las manos al colocarlas a pocos centímetros de mi rostro. Era pesado (el gas), llegaba a metro y medio o dos de altura, por lo que decidí subir a una pasarela que estaba frente a la refinería, para poder tomar aire”, apuntó Bravo.

En la pasarela, el trabajador quedó justo frente al Destacamento 44 de la Guardia Nacional (GN). Observó que una camioneta de la GN —que tenía fallas para arrancar— desalojó a unos funcionarios, que lograron salir del comando. Sin embargo, quienes se encontraban en un convoy no corrieron con la misma suerte, pues fue lo primero que se incendió. “Yo me imagino que cuando encendieron el convoy, el arranque generó una chispa o algo parecido y con el gas que había, se incendió. Ya después de eso fue como si hubiesen lanzado una bomba atómica”, alcanzó a comentar.

Imagen: Cortesía Willis Energy

Imagen: Cortesía Willis Energy

La explosión ocurrió alrededor de la 1:05 de la madrugada del sábado 25 de agosto de 2012. Dejó 48 muertos y cientos de heridos; entre estos estuvo José Bravo. Quedó inconsciente y cuando despertó, aún estaba encima de la pasarela. Estaba fracturado, golpeado, quemado y sangraba por sus extremidades inferiores. Como pudo, logró pedir ayuda a los paramédicos que se encontraban en una ambulancia que llegó al lugar. Él y uno de los trabajadores de una contratista, Jhonny Matheus, fueron atendidos. Su compañero Reneduar, quien decidió entrar al lugar donde estaba la fuga, murió en el sitio. Navarro sobrevivió a la explosión.

Foto: Cortesía Willis Energy

Foto: Cortesía Willis Energy

Amuay antes y después del 25 de agosto de 2012. La tragedia en números

La capacidad de almacenamiento y procesamiento en la Refinería de Amuay es de 645 mil barriles por día (bpd). Para el año 2010 la industria procesaba 600 mil bpd, esto debido a que por recomendaciones técnicas no se llevan las plantas al tope de su capacidad. En agosto del 2012, el procesamiento tuvo una pequeña baja a 580 mil bpd, pero luego de la explosión del 25 de agosto de ese año todo cambió. La capacidad de almacenamiento se redujo dramáticamante, debido a que la explosión afectó estructuras de las distintas plantas del complejo refinador.

Según Iván Freites, secretario de Profesionales y Técnicos de la Federación de Trabajadores Petroleros de Venezuela, ya estaban ocurriendo eventos que anticipaban una catástrofe como la que ocurrió. Paradas por incendios, explosiones, fugas y equipos dañados indicaban que más temprano que tarde estarían ante una emergencia.

“Una norma internacional dice que un evento sucesivo lleva a un evento masivo y esto fue lo que ocurrió en Amuay, apuntó Freites. La Planta 5, que es la destiladora más grande (procesaba 185 mil bpd), tuvo problemas para volver a su nivel máximo de operatividad. En la actualidad tiene capacidad para procesar 150 mil bpd. Las destiladoras bajaron de 100 mil bpd a 70 mil bpd, un 30% de disminución”, afirmó el experto.

La planta de Flexicoquer, que producía 64 mil bpd, tuvo severos daños en la estructura luego de la explosión, por lo que ha sufrido más de 50 paradas y está paralizada desde el 24 de marzo de 2016. “No han podido activarla porque Pdvsa no cuenta con los repuestos necesarios para una parada de ese tipo”, aseguró Freites.

La planta donde se produce el combustible, la llamada Planta Catalítica, contaba con capacidad para procesar 108 mil bpd. Freites afirma que hoy procesa solo 70 mil bpd. En la actualidad (agosto 2016), el Centro de Refinación Paraguaná (CRP), solo procesa al 48% de la capacidad total que tiene. Genera 460 mil bpd cuando podría procesar 950.000 bpd.

Info-Amuay-El-Pitazo

Muertos y desaparecidos

En la onda expansiva de la explosión murieron 42 personas, la mayoría de ellas militares, y cinco personas aún están desaparecidas, esto según las cifras oficiales que se manejaron luego de la tragedia de Amuay. La mayoría de los fallecidos eran oficiales que residían en el Destacamento 44 El Campito, una urbanización creada para integrantes de la Guardia Nacional, asignados a la vigilancia y resguardo de las instalaciones petroleras, que quedaba a escasos metros del lugar de la explosión. Fueron los que corrieron con la peor suerte.

 

Los cuerpos desaparecidos fueron los de Aníbal José Delgado López (42), Yelitxa Inés Delgado Llano (42), Ana Gabriela Delgado Llano (19), Ana Karina Delgado Llano (15).

Especial El Pitazo-Lurmary Coronel – Fotos cortesía